El descontrol de la mente y la violencia escolar I

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Primera parte

Parecería que los hechos que hoy estamos viviendo le dieron el gusto a la fantasía. Nadie puede explicar por qué ocurren ciertas aberraciones que antaño estaban en el cómodo catálogo de las cosas imposibles o de “las que nunca van a ocurrir”. Ese catálogo ya anticuado es el que nos está diciendo que todo es posible y se puede cumplir. Así, tenemos que en un lugar impensable, como la escuela, ocurren situaciones casi al modo de cualquier reducto carcelario cuyos internos liberan con violencia la violencia que tienen dentro de sí mismos.


Si observamos atentamente, la conducta humana proviene del esquema mental previo que el sujeto elabora. Este es el enunciado fundamental que en el campo filosófico y pedagógico nadie, salvo algunas excepciones, se atrevió a contradecir desde Aristóteles a nuestros días. Quedarse en el análisis y pormenores de las conductas violentas, describirlas y formular hipótesis y conjeturas acerca de por qué ocurren tales o cuales comportamientos, tiene la desventaja de provocar ilusiones y creer que se hallaron las soluciones. Muchas de las hipótesis que suelen proliferar ante un suceso conmocionante, vuelcan el peso de las responsabilidades a la familia, a la falta de valores, a los medios, al consumismo, a la falta de educación, a la situación económica. 

Es obvio que, a pesar de cierta verdad, ninguna de tales hipótesis resulta suficiente y satisfactoria, sobre todo si nos atenemos al enunciado fundamental que nos dice que el problema y la conducta se gestan en la mente. Si los problemas se gestan en la mente, es en la mente donde se desatan y se reproducen con alta velocidad, hasta que por fin se trasladan a la conducta y al comportamiento. Si entre la imagen de agredir a los compañeros y la ejecución de la misma no media en el individuo una conciencia reflexiva para impedir que tal imagen cobre vida y se traslade a la realidad, seguramente que la aberración imaginada pasa a ser una aberración real. 

Una de las tareas y desafíos para la escuela y los docentes en la actualidad será trabajar para que los niños y adolescentes puedan conocer sus propias imágenes y tendencias impulsivas que pugnan por convertir en realidad cualquier absurdo o disparate gestado en los rincones de una mente solitaria, deprimida, reprimida u oprimida. Cuando decimos esto no podemos ignorar la máxima socrática del conócete a ti mismo. Si la escuela y la familia enseñaran a observar a los jóvenes el tipo de imágenes mentales que dominan sus conductas y les brindaran el método para un constructivismo pedagógico en el que prevalezcan metas de superación personal, es probable que la violencia iría desapareciendo y debilitándose gradualmente.

La perturbación mental, que se observa en autores de delitos aberrantes y de actitudes reñidas con la convivencia, proviene del tipo de imágenes que dominan sus mentes. Sea para lavar el amor propio herido, para salir del anonimato, por venganza ante un disgusto, sea por el desplante recibido por portar tal idiosincrasia o modo de ser, o por una broma mal interpretada, todo ello desencadena un juego de imágenes que perturban y obnubilan la mente, destemplan el razonamiento y anestesian la conciencia en quienes se encuentran indefensos y faltos de recursos mentales y emocionales. 

Ante una usina mental con semejante perturbación, es muy seguro que el desenfreno y la conducta violenta serán el epílogo natural de aquella alteración y penumbra. Por eso, no deberíamos olvidar que la mente puede funcionar como un verdadero reducto carcelario si no fue formada para pensar. Este es el desafío más alentador y promisorio para los padres y docentes en el presente. Surge, entonces, la pregunta acerca de qué se debe hacer para lograr resultados prácticos y no teorizar ni declamar soluciones como suele ocurrir en circunstancias desesperadas.


Dr. Augusto Barcaglioni

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temas más sensibles y críticos)


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Autor: Dr. Augusto Barcaglioni 203 Articles
Dr. en Ciencias de la Educación. Profesor de Lógica y Psicología (UCA).

4 Comments on El descontrol de la mente y la violencia escolar I

  1. Si los doscentes y los padres meditaran sobre esto, seguramente tendriamos menos problemas con nuestros adolescentes que no saben como expresarse y cuando lo hacen o los critican o los ridiculizan. Veo que esta nota se relaciona con el tema de la mente.

  2. Leer el artículo me dejó con hambre, con ganas de avanzar en un planteo que fue muy claro y preciso.

  3. La nota me gustó muchísimo, porque nos hace ver como el aburrimiento de los alumnos no solamente en la clase sino en su vida, debido a que no le encuentran sentido al futuro sumado a la mala praxis de los docentes es un coctel explosivo y generador de violencia en el aula. Los docentes debemos detectar este problema y buscar estrategias alternativas de enseñanza para lograr que los alumnos se interesen por la materia que enseñamos y de esa forma salgan del letargo que están sumergidos. Los docentes debemos apelar a toda nuestra imaginación sin caer en el facilismo ni en el pesimismo, para poder lograr el vínculo con los alumnos que es fundamental para todo proceso de aprendizaje.

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