La necesidad puede despertar el talento y el éxito adormecerlo

La tendencia a detenerse cuando todo es favorable

En la experiencia cotidiana se observa la paradoja de que muchas personas viven en un estado mental poco lúcido cuando se les presentan períodos de cierta prosperidad y condiciones de bonanza. Ello se debe a la tendencia del individuo a detenerse cuando todo es favorable, al punto de no poder valorar ni potenciar nuevas posibilidades y alternativas que podrían incrementar el desarrollo de los proyectos en marcha.

Cuando a alguien le va bien, parecería que su mente y su voluntad tienden al disfrute de lo inmediato, sin avizorar para el futuro nuevas condiciones promisorias ni prever un posible escenario hostil. Esto surge cuando el sujeto se encuentra “empalagado” con todo lo que dispone y disfruta, afectando la agilidad de su pensamiento y la rapidez en las decisiones que podría tomar. 

Se trata de un estado de confusión, poco creativo, provocado por cierto “atontamiento” que conduce a la parsimonia, a la dejadez y a la lentitud para pensar. Pues el no poder advertir cuándo el escenario favorable actual podría retraerse, mejorar o desaparecer, constituye una presunción y grave confusión, al limitar el pensamiento y las posibles decisiones a una visión plana y coyuntural de una situación de inmediatez que se disfruta con cierto aturdimiento e irreflexión en el momento presente. 

También la experiencia cotidiana nos ofrece casos inversos, en los que ciertas personas mantienen un estado de lucidez y agilidad mental en medio de condiciones de extrema hostilidad, escasez de recursos y hasta desolación. En tales condiciones la mente, lejos de quedar rezagada en el letargo de una sensación de pérdida e impotencia, es capaz de advertir nuevos caminos a seguir y tomar decisiones sin dilación. 

Ante condiciones de crisis, parecería que mientras más profunda es la misma, algunas personas logran mantener un nivel de creatividad y de lucidez mental, ausentes en los momentos de prosperidad aludidos. Cabe, entonces, preguntarnos por qué el éxito suele generar confusión y la adversidad lucidez, tal como ocurre en la mayoría de los casos. Ambos casos configuran un fenómeno paradojal que puede ser observado empíricamente a través de la experiencia propia y ajena. 

Aventurando una hipótesis cognitiva sobre la agilidad de pensamiento, podríamos decir que las situaciones prósperas tienden a ser percibidas por el sujeto como estables y cómodas, sin altibajos ni oscilaciones. Esta situación podría configurar un estado inercial de la mente que, al no sentirse exigida y al no tener urgencias, tiende a la comodidad y a la dejadez. 

Asimismo, la ilusión y la falsa percepción implicadas en  la misma inercia de pensamiento, dan lugar a un estado de desorganización mental y a la falta de previsión, con una tendencia a la adaptación pasiva frente a las circunstancias apacibles y confortables que la vida le está presentando aquí y ahora al sujeto.

En oposición a ello, y complementando el enfoque cognitivo, cuando las condiciones son hostiles y desfavorables, muchos individuos ejercitan su mente y sensibilidad en la búsqueda de soluciones ante los problemas que les aquejan. Parecería, entonces, que la lucidez mental se agudiza en esos momentos hostiles y difíciles, ante los cuales el sujeto emerge del letargo de una comodidad improductiva. Por eso, se admite que la necesidad y la adversidad suelen despertar la creatividad adormecida, ya que en las situaciones críticas muchos sienten aflorar su talento y capacidades hasta ese momento ocultas e inactivas. 

Lo lamentable es que estas capacidades no sean aplicadas en todos los casos de la vida, ya que ocurre con mucha frecuencia que el talentoso en la adversidad deja de serlo en la bonanza donde, por lo general, no aflora talento alguno. Esto nos podría indicar que la voluntad del sujeto se mueve y acciona fácilmente frente a situaciones adversas y hostiles y que, desaparecidas éstas, su voluntad entraría en una zona de letargo e inacción, propia del primer caso que describimos más arriba. 

De allí que debemos tener en cuenta un factor cognitivo y emocional que no todos advierten: cuando es solamente la necesidad la que despierta el talento y la capacidad de afrontar lo adverso, ello no es suficiente, ya que nos encontramos con un individuo cuya capacidad de iniciativa seguramente podría quedar trunca o adormecida en los momentos de prosperidad. Ello explica la falta de voluntad y la incapacidad para decidir de muchos individuos que transitan la vida sin sobresaltos ni problemas pero que terminan en un disfrute a medias. 

Parecería, entonces, que la creatividad en lo adverso no es tan meritoria como cuando emerge en las condiciones prósperas y favorables. En lo adverso, la creatividad surge por una razón de sobrevivencia; en la bonanza, por una razón de convicción. Por eso, abunda más y es más fácil la primera que la segunda.

Pero quienes despliegan su talento en ambas situaciones, en la hostilidad y en la prosperidad, ello no se debe al azar ni a la necesidad, sino al hecho de haber logrado un mayor nivel de conciencia para decidir con autonomía y convicción sin presiones. Tal condición de lucidez, le permite al sujeto ampliar cada vez más la percepción y ejercer su capacidad para decidir con más acierto y precisión en el universo de posibilidades en que se encuentra vinculado. 

Las diferentes situaciones de la vida humana están atravesadas por una suerte de ecuación, dada en el binomio necesidad-talento y bonanza-dejadez y que a lo largo del proceso formativo individual se debe aprender a integrar y manejar. Esta es la condición natural en la que se despliega la vida de todo ser humano y el factor insoslayable de un desarrollo sostenido del talento personal.

Dr. Augusto Barcaglioni

Autor: Dr. Augusto Barcaglioni 207 Articles
Dr. en Ciencias de la Educación. Profesor de Lógica y Psicología (UCA).