Dos modelos mentales erróneos para responder a los problemas cotidianos

El sutil equilibrio entre la improvisación anárquica y la rigidez

Frente a los problemas cotidianos que la gran mayoría de los seres humanos sufren, la respuesta creativa y funcional para llegar a las soluciones, no siempre se hace evidente; algunos optan por la ilusión mágica de que se van a solucionar con el tiempo y otros, más ansiosos e inquietos, buscan con cierta rigidez la seguridad y la certeza para resolverlos en un tiempo acotado y preciso. Es así como, según la naturaleza y características de los problemas, relacionadas con el modo como se presentan, con el tiempo que requiere obtener una solución a los mismos, con la gravedad del hecho y con la urgencia de obtener la solución, se pueden desplegar modelos mentales orientados a la eficiencia, a la improvisación anárquica o a la rigidez.

La habitual expresión de que en "la marcha se acomoda la carga" da a entender que en el cumplimiento de objetivos siempre nos encontraremos con imprevistos o dificultades. Esto lo entendemos todos y lo aceptamos pensando en la lógica complejidad e incertidumbre que nos ofrece un entorno en constante cambio y transformaciones en el que, tanto la previsión absoluta y la certidumbre como la improvisación y la anarquía no son funcionales ni conducentes para lograr los objetivos.

Si bien aceptamos tal evidencia empírica, en el hecho concreto nos encontramos con dificultades que atañen a la idiosincrasia del propio observador. El observador es un sujeto que se relaciona con su medio a partir de sus modelos mentales, paradigmas o enfoques, generados en el trayecto de su historial cognitivo y psico-emocional que, a través de las experiencias vividas y los aprendizajes obtenidos, responderá de una manera creativa, rígida o anárquica.

En unos casos, tales modelos mentales serán funcionales y favorables a la adaptación del mismo sujeto a los cambios del entorno. En otros casos, serán desfavorables y disfuncionales para lograr tal adaptación. Entre estos últimos encontramos la rigidez y la anarquía y que trataremos de aclarar a través de la metáfora de "acomodar la carga durante la marcha".

En materia de "acomodar las cargas" para cumplir con el objetivo de trasladarlas a otro lugar, tenemos que quien lo hace con rigidez, imaginando que todo saldrá de manera ordenada según lo prefijado por un pensamiento lineal, tendrá dificultades cuando aparezcan los "baches" de lo inesperado. Y quien lo hace de manera anárquica y caótica, también tendrá dificultades por la ausencia de una previsión elemental.

Todo ello nos plantea que para llevar a cabo satisfactoriamente los objetivos que nos hemos propuesto, debemos educar la mente para manejar adecuadamente nuestro tiempo y recursos en un ámbito de complejidad e incertidumbre. Ello exige, como cualidad necesaria, la predisposición mental y emocional para concretar el juego sutil entre la flexibilidad y el orden y evitar, al mismo tiempo, los extremos de la rigidez y la anarquía.

Dado que la realidad circundante muestra constantemente sus variaciones y fluctuaciones, una mente rígida o caótica constituyen caminos erróneos que incrementan, respectivamente, el caos o la anarquía en la búsqueda de las soluciones. Entre ambos extremos, el ejercicio de la autonomía intelectual frente a las fluctuaciones del medio constituirá el sutil equilibrio entre el pensamiento mágico de la improvisación y el pensamiento lineal de la rigidez.

Dr. Augusto Barcaglioni

Autor: Dr. Augusto Barcaglioni 225 Articles
Dr. en Ciencias de la Educación. Profesor de Lógica y Psicología (UCA). Contacto: barcaglioni@hotmail.com.ar