El desorden de la mente genera inmovilidad, indecisión y sufrimiento

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Cómo evitar movimientos mentales toscos e imprecisos

Indicadores prácticos para aprender a pensar

Habitualmente, tanto en el campo práctico de la vida cotidiana como en el educativo y académico, se desliza una serie de movimientos mentales toscos y carentes de precisión, rigor y orden. Ello se debe a errores por descuido o por falta de disciplina de la mente en la construcción del pensamiento, lo que conduce a desaciertos y desvíos en el modo de pensar, en la conducta y en la toma de decisiones del sujeto.

Esta anarquía, que proviene de la incapacidad para reflexionar, analizar y razonar, pone de manifiesto que el individuo no sabe pensar y lo expone a construir de manera tosca y burda conclusiones falaces y razonamientos incorrectos. Consta por experiencia propia y ajena que cuando la mente se encuentra en desorden, genera un estado de inmovilidad, indecisión y sufrimiento. E inversamente, cuando la mente observa, analiza, razona y reflexiona correctamente, permite que el sujeto logre más acierto en sus decisiones y actúe de manera eficiente y gratificante.

Para comprender esta situación, cuyo desconocimiento podría llevar a serias complicaciones prácticas, debemos tener en cuenta que el movimiento de la mente es constante, dado que en todo momento está creando imágenes y pensamientos en permanente movilidad, cambios y transformaciones.

Al mismo tiempo que ese movimiento de la mente puede conducir al caos y a la anarquía cognitiva, el sujeto también puede crear pensamientos y elaborar conclusiones para lograr una comprensión precisa de los hechos observados y su aplicación pertinente. Esto explica por qué algunas veces cometemos errores y equívocos y otras veces aciertos coherentes. Este es un hecho de evidencia empírica que puede constatar en todo momento cualquier individuo de cualquier condición, nivel y cultura.

Lamentablemente, la crisis que se observa en todos los niveles del sistema educativo proviene de la falta de rigor y orden para pensar de manera metódica. Esto conduce a un aprendizaje forzado en el que la ausencia de hipótesis constituye un desvío generador de inercia mental que, por tal razón, inmoviliza el proceso de construcción del conocimiento.

Por razones pedagógicas y cognitivas, nos interesa destacar la necesidad metodológica de evitar la imprecisión en el uso de la inteligencia. Ello constituye una condición insoslayable del proceso formativo del individuo. Para eso, éste debe aprender a imponer en su mente un orden consciente a fin de asegurar la regularidad necesaria mediante la creación de hábitos intelectuales. De allí que tal aprendizaje requiere constancia y disciplina para favorecer la estabilidad del proceso cognitivo, llegar al acierto y evitar el error.

A los efectos de lograr una disciplina de pensamiento según las condiciones enunciadas, describiremos cuatro movimientos mentales toscos y burdos que conducen a la imprecisión, al desorden del pensamiento y a la falta de lucidez mental. Para lo cual, el sujeto debe estar atento a los siguientes indicadores logosóficos para aprender a pensar y lograr mayor precisión y orden en su proceso de aprendizaje y de construcción del conocimiento:

1. Evitar el uso excesivo de la imaginación 
Cuando el sujeto imagina en exceso y caprichosamente una situación, realiza un movimiento mental anárquico, al punto de que puede tomar una decisión equivocada, sufrir o agredir a quienes le rodean. Sería el caso del celoso, que despliega su agresividad ante las maniobras caprichosas de su imaginación, o de quien se siente ofendido por imaginar una situación proveniente de una interpretación incorrecta. En el transcurso del día este despliegue de imágenes es constante y, en la mayoría de los casos, está plagado de interpretaciones fantasiosas que conducen al equívoco y afectan los vínculos.

2. Evitar el uso de la memorización mecánica
Quien sabe pensar aprende a utilizar la memoria y a recordar de manera inteligente. Sin embargo, generalmente se considera adecuada la utilización de la memoria aún cuando la acción de recordar se lleva a cabo de manera mecánica y sesgada. En el campo educativo, la memorización mecánica está incentivada por planes de estudio que responden a un modelo conductista y antisistémico y esto lo observamos en los diferentes niveles de enseñanza como una caricatura incoherente del proceso de aprendizaje. Por su parte, los habituales sistemas de evaluación potencian el recuerdo de imágenes fijas y estáticas, expresadas en los contenidos cuya memorización mecánica el docente exige como garantía precaria de un aprendizaje inexistente.

3. Evitar la aceptación y el acatamiento pasivo de verdades por vía de creencias y suposiciones
La aceptación y el acatamiento de verdades por vía de creencias y suposiciones, conducen a un hecho que conspira contra la naturaleza del intelecto humano y del proceso de construcción del conocimiento. Cuando las creencias se imponen en el campo mental del sujeto, éste suspende e interrumpe el proceso de indagación, al punto que el interrogante es sustituido por contenidos no sometidos a la verificación. De esta manera, la creencia sustituye e inmoviliza la dinámica sistémica de los procesos cognitivos, sin poderlos orientar al funcionamiento integrado de las capacidades intelectivas.

4. Evitar el bloqueo de la sensibilidad
En todo proceso cognitivo, el despliegue consciente de la sensibilidad permite agudizar dicho proceso confiriéndole al intelecto mayor sutileza comprensiva. La acción de pensar es un acto consciente que no se realiza reduciendo el pensar a un racionalismo formal vacío. Al desplazar la sensibilidad, prevalecen las formas lógicas donde la sensiblería podría emerger como un movimiento burdo que reduce el proceso a una emocionalidad ciega alejada de la realidad. Por tal razón, aprender a pensar requiere la puesta en juego de la conciencia y la sensibilidad. Caso contrario, el proceso de la inteligencia quedará reducido a la función lógica del razonamiento.

Estas cuatro distorsiones se presentan en la vida cotidiana porque el sujeto no aprendió a pensar con rigor. Por lo tanto, no analiza ni relaciona una situación con otra, ni compara con atención y detenimiento las partes de un todo o los elementos de una situación para comprenderla y llegar a una conclusión.

Generalmente, se actúa con apresuramiento, de manera imaginativa y fantasiosa, conduciendo al desorden mental y a la vigencia de emociones desagradables, al tiempo que las creencias y la memorización mecánica construyen una red de pensamientos e imágenes en constante fluctuación que actúan y mueven la mente sin control alguno.

Quien sabe pensar no es víctima de los caprichos de su imaginación; aprende a diferenciar y a distinguir los momentos cuando piensa y reflexiona y los momentos cuando utiliza su imaginación y su memoria correctamente o cuando apela a las creencias, distorsionando el proceso de construcción del pensamiento. Quien sabe pensar, sabe utilizar correctamente sus imágenes y ponerlas, incluso, al servicio de su creatividad.

Pensar es una función que se adscribe a la conciencia como expresión sutil y refinada de la mente. Por eso, en el proceso habitual de aprendizaje implementado por el conductismo, la inteligencia está ausente y conduce a la paradoja de que en la elaboración de un pensamiento muy pocos son conscientes de ello y transgreden así las normas y leyes básicas del aprendizaje.

Dr. Augusto Barcaglioni

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Autor: Dr. Augusto Barcaglioni 202 Articles
Dr. en Ciencias de la Educación. Profesor de Lógica y Psicología (UCA).