Cómo medir el distanciamiento entre padres e hijos

Ilustración conceptual de la paternidad nutriente: un joven caminando hacia un horizonte de autonomía mientras recibe herramientas de guía de sus padres, contrastado con la sombra de la sobreprotección
La paternidad nutriente no implica sobreprotección: es el arte de incentivar capacidades que alejan de la soledad y la dependencia.

El estado de incertidumbre e inestabilidad emocional conspira contra la armonía familiar

Los cambios acelerados en el campo de la vida social, laboral y familiar afectan nuestro modo de pensar y ponen en duda valores y costumbres. Ese inevitable estado de incertidumbre e inestabilidad emocional, incide de manera inmediata en el vínculo familiar y en las relaciones interpersonales incrementando temores amenazantes e imaginarios.

La indiferencia, el desamparo y la ausencia de afecto ante tales temores generan en padres e hijos falta de confianza y angustia Por su parte, y a instancias de los avances tecnológicos y de los nuevos modelos socio-culturales, los jóvenes advierten que el manejo de los conflictos por parte de los adultos es insuficiente, con el agravante de una limitada contencin emocional.

La ausencia de límites conduce a los jóvenes y adolescentes a la lógica del vale todo y al desconcierto de los adultos debido a la ausencia de conocimientos y de experiencia para educar y formar.

Esta situación de vacío prepara el terreno de un distanciamiento impregnado de dudas, reproches, impaciencia, conflictos e intolerancia. De aquí surge la tentación de imaginar las posibles causas de la distancia entre los padres y sus hijos y atribuirlas a las interpretaciones caprichosas del azar y a las fantasías imprecisas de la suposición.

Si bien no es posible aplicar una medida exacta para comprender y entender tal distanciamiento, existen algunos indicadores indirectos que contrarrestarían tanto a las suposiciones antojadizas de cada individuo como a las construcciones colectivas imaginarias en el amplio espectro socio-cultural como los prejuicios de la familia, la escuela, los ambiente de trabajo, las amistades, los grupos barriales, redes sociales.

Indicadores del distanciamiento afectivo-emocional entre padres e hijos

Veamos algunas expresiones que nos acercarían a una medición más precisa de la distancia afectivo-emocional entre padres e hijos y cuya neutralización contrarrestarían la permanente avalancha de las suposiciones. Tales indicadores se utilizan en la vida cotidiana y muestran descontento e insatisfacción de los mismos hijos. Veamos:

  • “Mis padres se creen perfectos”
  • “Mis padres son aburridos”
  • “Mis padres arreglan todo con regalos o dinero”
  • “Quiero a mis padres, pero no los soporto”
  • “Mis padres son rígidos y creen que no se equivocan”
  • “No me siento escuchado por mis padres”
  • “Mis padres compiten con los jóvenes y hacen el ridículo cuando pretenden aparecer modernos y juveniles”

Padres sin confianza en sí mismos y el perfil del autoritario oculto

En los hechos, y después de mucho descreimiento, la mayoría de los padres terminan por darle cabida al desaliento y al pesimismo, escondiendo y simulando con quejas y agresividad la propia inoperancia. En la actualidad, el resultado visible de tal desaliento se observa cuando el ejercicio de la paternidad, frente a la demanda silenciosa de los hijos, se ve condicionada por una lamentable falta de confianza en la propia capacidad que nos permite detectar la inseguridad de los padres.

En general, quien no confía en sí mismo, es un individuo inseguro que trata de imponer su opinión a los demás porque teme escucharlos. En ese sentido, muchos inseguros y faltos de confianza en sí mismos, son sutilmente intolerantes, al tiempo que padecen de cortedad e inseguridad extremas. Esta condición, aparentemente inofensiva, los incita a buscar la propia conveniencia y a pretender objetivos a costa de la debilidad ajena.

Desde el punto de vista cognitivo, suelen presentar un perfil que los lleva a dominar la mente ajena y a buscar convencer a sus hijos y allegados sin consultarles ni preguntarles. Tanto en la convivencia familiar como social y laboral, creen que nunca se equivocan, amparándose en explicaciones sutiles para ocultar su conducta manipuladora. De esta manera, imponen su capricho ejerciendo violencia verbal y descalificando a quienes los rodean o colaboran con ellos.

Debajo de la simpatía y amabilidad que ejercen, está vigente un autoritario oculto dispuesto a decidir sin consenso y a humillar sin que se advierta. Tales rasgos, que se presentan bajo una modalidad temperamental y caracterológica permanente o frecuente en la vida personal y en las costumbres y hábitos sociales, son muy opuestos a la condición formadora y nutriente de la paternidad como tal.

Hacia el ejercicio de la paternidad nutriente: Un enfoque cognitivo

No obstante estas características y deficiencias no quedan excluidas solamente en quienes pudieron superar los comportamientos negativos mencionados, sino que se amplía y extiende a un universo de individuos que se encuentran en proceso de evolución.

La familia, cualquiera sea su configuración relacional, constituye un espacio de reflexión donde los padres, a través de la calidez del intercambio, ayudan a comprender y ampliar la vida de manera compartida y constructiva. En ese ámbito de alegría y aprendizaje, los mismos padres aprenden a establecer y a manejar los límites de manera natural, sencilla y eficaz.

En este marco de referencia, surge la hipótesis acerca de si la paternidad se construye o es un atributo innato. Para la alternativa corriente, ser padre es un atributo natural y espontáneo que permanece como condición estática e innata, mientras que para la alternativa cognitiva los atributos y cualidades de la paternidad son resultados y efectos dinámicos de la experiencia y del aprendizaje permanente.

Desde esta perspectiva cognitiva, la paternidad se configura y manifiesta como presencialidad y no resulta suficiente que lo sea por mera presencia física. Porque tal presencialidad se crea y surge a través de un esfuerzo de superación personal en medio de las fluctuaciones, crisis y conflictos propios de la vida humana. Y aquí radica el sentido profundo del ejercicio nutriente de la paternidad.

En consecuencia, los atributos de la paternidad no son innatos ni adquiridos espontáneamente y sin esfuerzo consciente. Si, por su parte, los mismos no son innatos, los padres deben ser generadores de nuevos aprendizajes para responder al desafío de cómo prever la formación y el desarrollo de los propios hijos. Pues a veces se confía en las condiciones “salvadoras” del azar o en el acierto mágico de la improvisación, condiciones negativas incompatibles con el ejercicio nutriente de la paternidad.

Este carácter nutriente del ejercicio de la paternidad se diferencia del ejercicio autoritario de la imposición y del ejercicio demagógico y sobre-protector afectado, según los casos, de debilidad o indiferencia.

La paradoja de padres emprendedores e hijos paralizados en la dejadez

Es frecuente observar un hecho muy llamativo que en nuestros días parece adquirir una dimensión crítica, con consecuencias confusas en el campo de la educación de los hijos. Es un hecho que se alberga subrepticiamente en padres pudientes y emprendedores que, al mismo tiempo que supieron progresar con voluntad e inteligencia en el pasado, no se explican en el presente que sus hijos hayan quedado paralizados en el disfrute de los bienes logrados en medio de una total dejadez y falta de voluntad y hasta de reconocimiento.

Es así como muchos padres ricos vislumbran con preocupación y tristeza el temible camino que sus hijos recorren de manera despreocupada respecto del futuro. Resulta claro y lógico que quien ejerció su capacidad emprendedora con esfuerzo y constancia, no sea indiferente ante quienes buscan disfrutar el momento anclados en un presente lleno de fantasías y al margen de toda decisión e iniciativa.

Tal preocupación proviene de la falta de experiencia y de un exceso de tolerancia y descuido de los mismos padres, al punto de llegar a la paradoja de “pavimentar” el camino a la pobreza de sus hijos. Pues la pobreza es el sendero prefijado y señalizado para quienes no tienen iniciativas ni voluntad de crecimiento propio y pretenden ser asistidos para dejar intactas la comodidad y la dejadez de una vida sin esfuerzo.

De allí que el punto crítico del problema es el modo como los padres encaran el proceso formativo de sus hijos. Pues cuando el descuido y la sobreprotección forman parte del repertorio habitual de la convivencia, los hijos quedan a expensas de sus propias debilidades y deficiencias para afrontar las hostilidades y adversidades de la vida. Carentes de defensas y de capacidades para valerse por sí mismos, se convierten en presas fáciles de una pobreza imperceptible que se va gestando en trayectos de dejadez, comodidad y disfrute en un contexto de facilismo que anestesia la capacidad para decidir cambios y crecer.

Interesados en evitarles el fracaso y la caída, los padres se convierten en el sostén de la vida de sus hijos aún pasado el tiempo de maduración psico-emocional. Es así como adormecen en sus propios hijos el intento de tomar posibles iniciativas, de realizar esfuerzos y de ejercitar la capacidad de decisión para cumplir metas y objetivos de superación y progreso.

Propensos a sustituir el desarrollo de la autonomía por la dependencia dadivosa a un cariño que, a pesar de su sinceridad e intenciones, no deja de ser engañoso y aparente. Como resultados prácticos, se advierte que los padres terminan por debilitar la estructura psico-emocional de quienes poseen las condiciones y la frescura para crecer, progresar y desarrollarse. Es así como muchos jóvenes dejan de ver la realidad y se abandonan en una holganza que les anestesia y adormece la capacidad para reaccionar frente a los inevitables obstáculos de la vida.

La paternidad nutriente: Capacidades que alejan de la soledad y la pobreza

El amor paterno no debiera tener esa pegajosidad que muchas veces genera una sobreprotección edulcorada que termina por inmovilizar la capacidad de iniciativa y empalaga el ánimo. Es por temor y por culpa que muchos padres aprisionan y asfixian las iniciativas y la confianza de sus hijos para lograr vuelo propio.

Todo vuelo propio proviene de una adquisición por vía de experiencia mediante ensayo y error para enfrentar problemas concretos y reales. Y es esta experiencia la que confiere al ser humano el placer y la satisfacción de valerse por sí mismo. Si así no fuera, el niño jamás caminaría y abandonaría los pequeños intentos cotidianos para caminar con una autonomía creciente después de cada caída.

Además, muchos padres están interesados en evitar de plano la caída de sus hijos y descuidan ayudarles a afianzar en ellos la capacidad para levantarse. Es así cómo, aplicado al terreno de la pobreza, los padres terminan por pavimentar el camino de la realidad mediante la sumisión y la sobreprotección.

Dentro de la misma paradoja, ese camino hacia la pobreza es un señuelo imperceptible plagado de beneficios, atenciones y hasta de confort y comodidad, sin costo alguno. Como sucede en todo camino descuidado, la ausencia de peaje termina siendo un beneficio tramposo que esconde la existencia de profundos baches y problemas que impiden llegar exitosamente a la meta.

Por eso, desde el punto de vista pedagógico y formativo, la función generosa y nutriente de los padres de cualquier situación socio-económica, debe estar centrada en asegurar en sus hijos un verdadero fortalecimiento personal que les permita recorrer el camino de la propia realización sin quedar paralizados ante las hostilidades y problemas inherentes a todo crecimiento.

No se trata, entonces, de que los padres convaliden el consumo egoísta e irresponsable de sus bienes y brindarlos generosamente a sus hijos. Más que proveerles bienes de manera indiscriminada y dadivosa, se trata de formar en ellos la conciencia de cómo obtenerlos con equidad, esfuerzo, disciplina y confianza.

Para ello, es necesario ayudarles a crear capacidades para progresar y encarar proyectos de superación en el campo de la ejecución técnica, práctica y ética. Lamentablemente, numerosos padres olvidan un principio pedagógico fundamental que establece que, en ausencia de capacidades emprendedoras, los individuos tienden a confiar en la suerte y en el azar desde un pensamiento mágico que, ilusoriamente, imaginan que les impediría caer en un estado de pobreza e insatisfacción.

En consecuencia, no se trata de recibir bienes y permanecer en la quietud de un disfrute que, por la pasividad que encierra, expone a los hijos a transitar de manera inexorable el camino de la pobreza irreversible. Por eso, se trata de enseñar cómo lograr los bienes que se desean con autonomía y confianza en sí mismo. Lo contrario, es recorrer un camino de pobreza, encubierta al comienzo, y de soledad y tristeza al final del trayecto.

Cognitio
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Dr. en Ciencias de la Educación. Profesor de Lógica y Psicología (UCA). Contacto: barcaglioni@hotmail.com.ar

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