Cómo dejar de ser un esclavo bien vestido

Trabajo rutinario, talento postergado

 
Cuando alguien trabaja mal porque se siente incómodo por una rutina plagada de aburrimiento, se podría decir que está achicando su vida y le está quitando esa energía que conduce al placer y a la satisfacción con la tarea que se hace. Sea porque el sujeto no se siente capaz o porque está en el lugar equivocado, lo cierto es que el trabajo rutinario posterga su talento y conspira contra su creatividad. Observando la dinámica de nuestra encuesta semanal, nos encontramos con datos (provisorios) poco alentadores, frente al cual deberíamos reflexionar para poder recuperar ese talento creativo que oxigena y dinamiza la vida personal. 

Un escaso 30% considera que no se siente rutinario ni autómata con su trabajo, lo que supondría que solamente 3 de cada 10 personas se sienten bien con la tarea que llevan a cabo. El 70% se considera autómata y rutinario con su actividad laboral, sea porque le provoca descontento, sea porque trata de cumplir por mera obligación, sea porque no puede cambiar las condiciones o porque es el único trabajo que pudo encontrar. Esta indagación refleja solamente el estado anímico de quienes trabajan, sin entrar a considerar otros aspectos que atañen a cuestiones socio-económicas, políticas, culturales, organizacionales o etarias, cuyo análisis nos desviaría del objetivo de la presente reflexión. Simplemente, lo que queremos mostrar es una semblanza psico-emocional de la gente acerca del sentido que le otorga a la tarea que ejecuta. 
 
Podríamos decir que cuando se está ocupado en una rutina que provoca tedio y aburrimiento, la vida sufre una suerte de achicamiento: se vive en la inmediatez de un presente que se torna insoportable en medio del aburrimiento y donde el horizonte del futuro se esfuma y desaparece. Por su parte, la repetición rutinaria desaloja de la mente la posibilidad de cambiar y de crear nuevas alternativas. De esta manera, la falta de confianza se incrementa y se acentúa la dependencia del sujeto a un sistema que cada vez se le presenta con más hostilidad y amenaza. 
 
Trabajar con arte, en cambio, implica un ensanchamiento de la vida y una expansión del horizonte sobre cuyo escenario el sujeto siente e imagina que va a poder actuar con confianza y efectividad. La creatividad y el ejercicio de su autonomía le confieren el placer y el entusiasmo por lo que hace y lo proyectan hacia un futuro desprovisto de desesperanza y pesimismo. 
 
Esta diferencia entre el sujeto autónomo y el autómata rutinario nos permite situar el análisis del tedio laboral y la insatisfacción ante el trabajo más allá de las cuestiones periféricas con las que suele identificarse el malestar de los climas de trabajo. Ello, en virtud de que el trabajo de uno y otro está signado y configurado por la calidad de las respectivas vidas. Uno, convierte su trabajo en un clima de superación y desarrollo personal; el otro, vive ocupado en un clima insoportable, haciendo lo que no le agrada a fin de satisfacer el reclamo de la inmediatez. 
 
El sujeto autónomo se conoce a sí mismo y sabe lo que puede alcanzar por sus propios medios y siente el estímulo para adquirir nuevas capacidades. Conocedor de su talento, elige y trabaja conforme a la preferencia de su vocación personal. El autómata, por el contrario, convierte su energía en tedio e insatisfacción y se referencia y busca compulsivamente los mismos bienes que el sujeto autónomo y creativo sabe elegir creativamente. 
 
La fatiga de un trabajo que no gratifica y posterga el talento de quien debe llevarlo a cabo diariamente, quizás habría que asimilarla a la esclavitud de antaño. En lugar de cadenas metálicas, el desagrado por la tarea resulta ser un encadenamiento tan degradante y alienante como las primeras. Y no se trata de postular esos cambios ingenuos que pasan por el ambiente físicamente confortable, en términos de un buen diseño del mobiliario o la vestimenta. Por carecer de autonomía intelectual y por haber encerrado la confianza y la autoestima en la cárcel de la rutina, el esclavo bien vestido de la actualidad no encuentra el camino para ser feliz ni las llaves para acceder a nuevos proyectos. 
 
Como autómata, remplaza su felicidad por un trabajo alienante que oculta y debilita su talento bajo el disfraz de una eficiencia puesta al servicio de lo que no es él y lo mantiene encerrado. Una vida consagrada a servir en un sistema laboral que luego de cierto tiempo anhela la pasividad jubilatoria como descanso, indica que el sujeto no supo trabajar con libertad y alegría y no pudo hacer de su trabajo una oportunidad de desarrollo personal y de servicio a la comunidad.
 
Dr. Augusto Barcaglioni


(Agradeceremos contestar la breve encuesta semanal, ya que una simple tilde nos permitiría aproximar nuestras notas y reflexiones hacia los 
temas más sensibles y críticos)
Cognitio
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Dr. en Ciencias de la Educación. Profesor de Lógica y Psicología (UCA). Contacto: barcaglioni@hotmail.com.ar