Cómo reparar el daño de la sensibilidad bloqueada

El juego armónico de la inteligencia y la sensibilidad

Por experiencia sabemos que cuando la mente es invadida por imágenes y pensamientos que adquieren fuerza descontrolada, la sensibilidad queda afectada, generando las conocidas perturbaciones y daños psico-emocionales.Estas perturbaciones se comportan como condicionamientos y bloqueos cuya gravedad tendrán un alcance e impacto según su intensidad y las circunstancias de la vida personal. Así, es posible ponderar y evaluar, desde el campo educativo, la característica y naturaleza de los modelosmentales, de las actitudes y de los comportamientos disfuncionales provenientes del historial cognitivo-emocional que, a lo largo de su vida, el sujeto fue aprendiendo e incorporando a través de sus vivencias fallidas.

Este procesoiatrogénico, llevado a cabo durante el trayecto escolar, familiar y social de niños, jóvenes y adultos,se origina y llega a su concreción inculcandoprejuicios y creencias que se comportarán luego como incrustaciones mentales que bloquearán la autonomía de pensamiento y la expansión de la sensibilidad. Es el caso de las posturas dogmáticas y rígidas que impiden la íntima convicción y la armonía de las vivencias sensibles. De esta manera, comienza el camino de una incoherencia de base, que termina en la dicotomía entre la mente y la sensibilidad.

Por otra parte, la fuerte vigencia de una educación centrada de manera unilateral en el desarrollo de la racionalidad, margina la sensibilidad y privilegia un enciclopedismo que rehúye la experiencia sensible. Así, la mente de quien se encuentra en proceso de formación queda inmovilizada en contenidos estáticos y teoriza acerca de los valores del ser humano sin llegar a la experimentación y práctica sensible de tales teorizaciones.Este es el resultado de una educación que privilegió la racionalidad y dio lugar a los estragos emocionales ya conocidos.

Ante esta incoherencia por ausencia del juego armónico de la inteligencia y la sensibilidad, la dicotomíaemergente repercute en lo más hondo de la psiquis humana y es el caldo de cultivo de la enfermedad del vacío, caracterizada por la falta de expansión del propio sentir y que, en su estado crítico, lo bloquea impidiéndole manifestarse con frescura, espontaneidad y armonía. Sobreviene, entonces, una incapacidad cuasi-estructural que daña en lo más profundo la vida interna y los vínculos sensibles del sujeto.

Sin entrar al terreno de la psicología, tal incapacidad, entendida como la dificultad del sujeto paraexpresar sus propias emociones, explicaría las paradojas que, por exceso y por defecto, conducen a muchos individuos a ventilar su propia intimidad, a convertirse en manipuladores o sumisos,a caer en actitudes regidas por la sensiblería y a adscribir la comunicación y el contacto afectivo al uso compulsivo de las diversas formas tecnológicas que ofrece un mundo virtual que ha distorsionadoel encuentro sensible. Esto configura un falseamiento de la orientación de la sensibilidad al bien tangible y concreto. Además, reconoce una carencia de equilibrio emocional y una ausencia,inadvertida por el propio sujeto,de la armonía entre el pensar y el sentir.

Dado que la enfermedad del vacío surge de esta crisis del sentir,tal falencia impulsa inevitablemente al sujeto a la comunicación estridente, a la indiscreción consigo mismo y a mostrar frívola y toscamente la intimidad propia y ajena. Por su parte, el accionar de una mente desorganizada y anárquica genera un descontrol imaginativo que conduce ala respuesta fallida y a la desubicación ante las circunstancias y cambios que se suscitan en el medio ambiente.

Este estado implica una pérdida de adaptabilidad frente a las diferentes circunstancias de la vida, al punto de impedir y bloquear la manifestación de una emocionalidad superior y refinada. De allí que el desfasaje se presenta con diferentes variantes individuales y explica tanto la conducta inadecuada u ofendente del celoso y egoísta como el deseo de dominio para imponer sus puntos de vistapor parte del rígido e intolerante. Tal desarmonía y bloqueo del sentir conduce al impaciente al abandono de sus proyectos y al rígido y obstinado a la falta de flexibilidad para comprender con amplitud y ecuanimidad su propia vida y la vida de los demás.

Podríamos afirmar que tanto el aplomo como la sensatez, la paciencia, la decisión y tantas otras cualidades y virtudes,provienen de la convicción honesta que a la inteligencia del sujeto le impone el sentir.La sensibilidad, para expresarse de manera plena e intensa, no necesita control porque es energía que por naturaleza se orienta y expande hacia el bien y responde a las emociones superiores del ser humano.Esto tiene un fundamento filosófico-antropológico sintetizado en el concepto de inteligencia sentiente (X. Zuviri, 1980) y que alude a la mutua imbricación de la inteligencia y la sensibilidad y a la armonía entre el pensar y el sentir, como condiciones de equilibrio, amor y sabiduría en los diversos órdenes de la vida humana.

Por tal razón, los comportamientos y actitudes de todo ser humano constituiránverdaderas cualidadessiempre y cuandoderiven de un proceso ético y cognitivo transparente, a instancias de la orientación de la sensibilidad al bien. Por eso,tanto el pensar como el obrar deben estar respaldados, y diríamos “regulados”, por la convicción honesta del propio sentir. Esta es la condición necesaria e insoslayable, sin la cual el pensar y el obrar pueden desembocar en un descontrol que lleva al sujeto a desubicarse, a reaccionar o a generar conductas conflictivasen virtud de no responder al aval consciente otorgado por esa convicción honesta del sentir.

Quien carezca del respaldo dela sensibilidad para pensar y actuar, verá perturbada la posibilidad para comunicarse ante los demás o para expresar sus emociones y seguramente caerá en actitudes reñidas con la convivencia armónica y el vínculo inter-personal.Dado que la sensibilidad es energía en expansión consciente, todo bloqueo, obstrucción o inmovilidad de la misma impedirá al sujeto el acceso a un bienestar apacible y vivido con intensidad.

Ello es atribuible alas múltiples interferencias que, desde la racionalidad, los prejuicios o el fanatismo, la expansión espontánea y fresca de la sensibilidad se ausenta en alguno de los ámbitos relacionados con el amplio acontecer de la vida. Aquí radica el gran desafío pedagógico para educar con seriedad, eficacia y profundidad a las futuras generaciones.

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Dr. Augusto Barcaglioni
 
 
 
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Dr. en Ciencias de la Educación. Profesor de Lógica y Psicología (UCA). Contacto: barcaglioni@hotmail.com.ar