Didáctica y trabajo docente I

LAS TAREAS INFÉRTILES QUE ADORMECEN EL TALENTO

 

 
Siendo el aprendizaje un proceso connatural a la vida misma, debe regirse por los principios de naturalidad y frescura creativa inherentes al dinamismo de la sensibilidad y a la lucidez de la inteligencia. Cuando el aprendizaje genera aburrimiento y hastío, algo funciona mal y no es, precisamente, el alumno el único y absoluto responsable de su dejadez y falta devoluntad para aprender. El problema de fondo a resolver por los docentes y directivos está dado en detectar si lo que se aprende promueve aburrimiento por sequedad y ausencia de placer y alegría o, por el contrario, si lo que se aprende genera motivación, confianza y entusiasmo.
Estos escenarios posibles se sintetizan en la tarea grupal de todos los días, puesto que es en el conjunto de las actividades que tanto el niño como el adolescente y/o adulto realizan en la institución el que determina la calidad del clima que se vive en la misma. Por eso, es válido afirmar que la tarea grupal es una suerte de sensor que mide la calidad del ambiente escolar.
Veamos ahora uno de esos escenarios saturados de aburrimiento y desgano y que “secan” y “deshidratan” la frescura creativa ínsita en todo ser humano. Ello ocurre mediante tareas estériles que tienen origen en cierto descontento, desmotivación e incompetencia dentro del clima de la escuela y que presentan como denominador común la preocupación por el control del aprendizaje y no por la dinámica del aprendizaje.
Esa suerte de “sequedad” generadora de aburrimiento se configura mediante tareas infértiles y sin sentido formativo, tales como:
La réplica y reiteración permanente de conceptos sin verificación ni convicción.
La memorización mecánica de contenidos vacíos desvinculados de la experiencia.
La presencia de imágenes mentales estáticas que lleva a la sustitución de la experiencia y a la falta de construcción de los conocimientos.
La preocupación de los alumnos y docentes por una calificación que no tiene en cuenta la producción y la creatividad individual y grupal.
Las respuestas automatizadas para dar cumplimiento a las obligaciones escolares solamente cuando hay amenaza de alguna sanción o para evitar los resultados desagradables.

 

 
Las rutinas que provocan ausencia de estímulo y motivación, encubriendo indolencia y falta de voluntad en docentes y alumnos. 
La vigencia de un sistema de comunicación regido por la apariencia y el cumplimiento de las formas externas en la relación bidimensional de los docentes hacia los directivos y de los alumnos hacia los docentes.
La evaluación periférica y superficial de los estudiantes según los tiempos institucionales establecidos fuera de la dinámica y necesidades reales de los individuos y grupos.
 
El cumplimiento burocrático como factor decisivo para ponderar y calificar la tarea y la responsabilidad de los docentes 
Cualquiera de esas tareas infértiles adormece el talento de eduadores y alumnos y constituye un indicador fehaciente y un sensor implacable de la calidad de la actividad docente y del clima que se vive en la escuela. En evitar esas situaciones improductivas debería estar centrada la estrategia del directivo, responsable muchas veces de la infertilidad didáctica y del caos mental que ella genera en los estudiantes. De allí la impostergable necesidad de generar condiciones para promover una mayor profesionalidad e idoneidad tanto en los docentes como en los directivos y supervisores. Ello coadyuvaría a atenuar el germen silencioso de la violencia escolar.

Dr. Augusto Barcaglioni
 
 
 
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Dr. en Ciencias de la Educación. Profesor de Lógica y Psicología (UCA). Contacto: barcaglioni@hotmail.com.ar