Entre la abundancia y la escasez

Fundamento cognitivo del despilfarro
La paradoja casi inexplicable por la que resulta difícil tener una conducta creativa en los momentos prósperos, quizás se deba a cierta confusión por la que el sujeto, al no sentirse exigido por la situación de bienestar que disfruta, entra en un estado de parsimonia y lentitud para actuar o decidir. Ante la bonanza no exigente, la mente sin disciplina se retrae y limita el pensamiento y las posibles decisiones a una visión plana y coyuntural en el disfrute de la inmediatez. 

En sentido inverso, las situaciones de crisis y adversidad impulsan e impelen a muchos individuos a buscar nuevas alternativas. Este estado de lucidez y agilidad mental por parte de quien se encuentra en medio de condiciones de extrema hostilidad y escasez, ayuda a tomar decisiones sin dilación y a generar respuestas nuevas. En este caso, el contexto de la necesidad configura un escenario de carácter monovalente y unidireccional: el sujeto siente que hay que salir y resolver el problema en la dirección que fija el apremio. Por eso, generalmente se acepta que la creatividad surge y se potencia cuando hay crisis y necesidad y por las condiciones impuestas por la naturaleza del problema que aqueja al sujeto. 
 
Esto nos explica la paradoja que atraviesa ambos casos. En el caso de la escasez, lo unidireccional acota; en el de la abundancia, lo que se presenta en un escenario múltiple y de no-necesidad obliga al sujeto a ampliar su mente ante la exigencia de analizar y comparar varias alternativas y variables a la vez. 
 
Por eso, no todos pueden ser creativos ante la no-necesidad. Tomar decisiones en situaciones de holgura le exige al sujeto un esfuerzo mental adicional y superior al impuesto por las situaciones de necesidad. Pues en situaciones de abundancia (que implica no-necesidad) es cuando más se requiere una disciplina mental para encontrar una dirección acertada y no caer en el consumo pasivo e indiscriminado que ofrece todo escenario de variables simultáneas y distintas. En este escenario, a diferencia del que surge por la escasez, la creatividad y las decisiones acertadas tienen lugar siempre y cuando haya disciplina de pensamiento. 
 
Tenemos, entonces, que en la necesidad la mente se esfuerza y trabaja y en la no-necesidad tiende a la parsimonia en los individuos pasivos y sin autonomía. Aquí podríamos encontrar el fundamento cognitivo del despilfarro y las causas que llevan a muchos a evitar cualquier esfuerzo. El talentoso y trabajador en las malas puede dejar de serlo en las buenas y el no saber apreciar esta diferencia, conduce a que muchos crean ser creativos cuando en realidad no lo son. El carácter reactivo engendrado por la necesidad y la urgencia nos permite observar que el talento creativo se ejerce en la mayoría de los casos en las situaciones adversas de la vida y en muy pocos en situaciones de bienestar y prosperidad. 
 
Ello explica la psicología del despilfarro, que surge de la indisciplina de la mente ante las condiciones de holgura y de no-necesidad. Quien en esas condiciones no modera el uso de los bienes que tiene holgadamente a su disposición, le resultará difícil establecer un orden en medio de alternativas variadas y disímiles. En la opulencia hay mucho para elegir y requiere mayor disciplina mental para decidir con acierto que en la unidireccionalidad acotada de la necesidad. De allí que en este caso no habría una estricta disciplina y creatividad en el sujeto, debido a ese condicionamiento acotado y estrecho que le impone la escasez. 
 
El gasto excesivo y superfluo y las diferentes formas del derroche ponen en evidencia la indisciplina de la mente ante las diversas y múltiples alternativas que se le presentan a la vez. Esto es lo que diferencia la mente del austero, la mente del pobre y la mente del opulento. 
 
El austero sabe elegir entre las diversas alternativas que tiene a su disposición porque reflexiona y es consciente del para qué de tal o cual gasto o elección. La mente del necesitado no dispone de las mismas alternativas y su creatividad debe ser puesta en juego en medio de la única variable determinada por la necesidad. De allí que si no ejerce su creatividad conscientemente, corre el riesgo de la dependencia absoluta a la necesidad. 
 
La mente que despilfarra, en cambio, sufre la compulsión al derroche por falta de capacidad reflexiva y de dominio personal para manejarse en medio de la diversidad de alternativas. En tal sentido, refleja un estado mental tosco y rudimentario, ejercido en una relación cuasi-promiscua con todas las alternativas que se le presentan. Por eso, la creatividad del austero radica en su moderación y es ésta la que define su capacidad reflexiva y su altura y refinamiento moral.


Dr. Augusto Barcaglioni
 
 
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Cognitio
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Dr. en Ciencias de la Educación. Profesor de Lógica y Psicología (UCA). Contacto: barcaglioni@hotmail.com.ar