La trampa de sentirse el mejor frente a los demás
Observando lo que llevo escrito en Linkedin y Cognitio y los proyectos para facturar con actividades innovadoras, con el tiempo mi ego me hizo sentir que era el mejor frente a los demás. Esto lo sentí durante años (desde mi adolescencia y juventud hasta el presente) y si bien me servía de estímulo y de aliciente para ser cada vez mejor, estoy desenmascarando muchas trampas internas que no advertí a tiempo.
El detonante de la comparación y el malestar interno
Al observar a gente conocida, a desconocidos y amistades, me encontré que otros tenían un nivel de vida y un pasar mejor que el mío. Imaginé varias cosas con las que me comparaba con ellos y yo ocupaba una posición muy inferior y desfavorable.
Hace unos días un consultor de recursos humanos y conocido por su difusión y empleo de técnicas innovadoras de gestión en empresas de primera línea, me generó un profundo malestar y angustia que encendió una mecha explosiva. Fue un detonador oportuno que me llevó a imaginar que su casa era más grande que la mía, que trabajaba en empresas y lugares que le daban mucho prestigio y dinero, que ganaba más que yo, que vestía mejor que yo.
Esto me permitió comprender que el hecho de competir y compararme, me colocaba en una posición en la que vivía una vida lineal y horizontal. La mecha explosiva que hace 2 días se encendió fue un detonante que tenía dentro mío y tuvo una estampida que me llevó a sentir muchas otras mechas. Tuve un comportamiento evasivo de mirar para otro lado para no reconocerlas ni angustiarme.
El enrejado de las comparaciones constantes
Durante toda mi vida me comparé en las mismas cosas y yo salía último. Estas comparaciones ya las practicaba desde niño y siempre salí perdedor y en desventaja. Tratando de salir de esta especie de enrejado en el que me sentía encerrado porque limitaba mi vida, me di cuenta que tenía que buscar algo propio, identificado con mi ser y querido por mí, con la alegría de dejar al descubierto mi propia identidad sin copiar a nadie ni envidiarlo.
Advierto que mientras siga comparándome con otros, sentiré estar entre rejas, limitado en las comparaciones donde siempre ganan los demás. Esto significa que debo buscar dentro de mí y no por fuera. Afuera están las cosas perentorias, fugaces y aparentes, imposible de conocerlas en profundidad. Son cosas que quitan la calma y la paz porque están impregnadas de vacío y tumulto en un constante movimiento vertiginoso potenciado por las comparaciones con los demás y dando albergue a la codicia, a la vanidad y al amor propio.
Hacia un proceso de evolución consciente e identidad
Para dejar de compararme con los demás, no solo debo debilitar las deficiencias, sino que debo encontrar dentro mío un nuevo ser con la alegría de aceptar lo que soy y de poner al descubierto mis capacidades. Si durante mi vida me menoscabé a mí mismo por no valorarme ni conocer mi propia identidad ni ser consciente de la misma, debo ejercitar mi atención para no descuidar un solo día un proceso de evolución consciente sin interrupciones y con más motivación y fuerza de voluntad.
Debo estar atento a los baches y desniveles que este camino, plagado de desaliento, insatisfacciones y quejas me lleva a competir, compararme y envidiar como comportamientos vergonzantes. Quienes están en un camino que yo supongo superior al mío, como el de los exitosos y que viven buscando elogios para su imagen personal, en realidad debilitan y no hacen posible a un nuevo ser con iniciativas para concretar sus aspiraciones.
La modestia como salida a la trampa de la superioridad
En medio de un terreno fangoso, que da lugar al relajamiento y a la desatención por comodidad, debo saber encontrar perlitas de oro y hacerlo con paciencia y modestia. Y al mismo tiempo reconocer que esta modestia comienza en recordar que el sentirme que soy superior o mejor que los demás es una trampa que me impide recorrer sin quejas ni insatisfacciones un camino de alegría y sencillez.
muy sincero, se agradece.