Síndrome del invicto galardonado

Large display statue of the Oscar statuette wait to be painted on the red carpet outside the Kodak Theatre in Hollywood 04 March 2006 as the area is prepared for the 78th Academy Awards that will be held 05 March. AFP PHOTO/Timothy A. CLARY

Cuando el éxito pulveriza la creatividad

Utilizando una metáfora con sentido didáctico, podríamos observar que para algunos galardonados por el premio Nobel, dicho éxito cumbre se transformaría en una dinamita destinada a pulverizar la propia creatividad y a destruir nuevos caminos hacia ulteriores proyectos y conocimientos.

El galardón, cuando el beneficiado lo recibe sin haber preparado su mente y su sensibilidad para guardarlo internamente con equilibrio, modestia y sensatez, puede conducir a la vanidad del sujeto y activar su soberbia. Tales deficiencias ponen las condiciones para detener su crecimiento y desarrollo personal, sumergiéndolo en el disfrute de las delicias de un éxito considerado definitivo. Sin embargo, en tales condiciones el éxito queda bloqueado, ya que por su naturaleza todo logro personal reclama cambiar de estado y prosperar aún más.

Y si tenemos en cuenta la configuración cognitivo-funcional de la inteligencia, se observa que el dinamismo sistémico de los procesos de aprendizaje reclaman una permanente apertura a la construcción de nuevos conocimientos. En consecuencia, en quienes no lograron capacidades y aptitudes para el cultivo y la superación de su estado mental y emocional, es muy probable que el mismo galardón no los estimule, per se, a nuevas indagaciones, al punto de que sobrevenga en ellos una paradójica inmovilidad del intelecto.

Como consecuencia de la ausencia de apertura mental, el sujeto va transformando su modestia intelectual en necedad e inercia, llegando a la detención de su proceso de aprendizaje y de la creatividad del pensamiento. Desde el punto de vista pedagógico, la disposición subjetiva con tales caracteres paraliza la búsqueda de nuevos conocimientos, sustituyéndose la construcción activa y creciente por la ostentación superflua de una supuesta capacidad o situación ventajosa que dejó de evolucionar a partir de un elogio recibido de manera fundada o infundada.

Por tal motivo, el sentimiento de invicto galardonado en realidad actúa como un elemento distractor que encierra al sujeto en la burbuja de la necedad imaginando ser más de lo que efectivamente es. Es así como la espuma seductora y sin consistencia del galardón provisorio encierra al sujeto y lo aisla sumergiéndolo en el inmovilismo y la parálisis mental.

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Dr. Augusto Barcaglioni

 

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Dr. en Ciencias de la Educación. Profesor de Lógica y Psicología (UCA). Contacto: barcaglioni@hotmail.com.ar