Testimonios de transformación

Vacaciones consumistas y compulsivas Indagando la historia personal de la mayoría de los adultos, seguramente aparezcan en sus mentes imágenes gratas al recordar con mucha alegría y placidez los períodos de vacaciones del pasado. Generalmente, ello sucede bajo el recuerdo de ilusiones familiarmente compartidas al querer distender las tensiones provenientes de la rutina alienante del trabajo cotidiano.

Siempre me llamó la atención que al principio de las vacaciones mi estado mental y el de quienes me rodeaban, comenzaba con alegría y bienestar en medio de paisajes, ciudades y lugares atractivos y terminaba opacado por el peso de la angustia y la tristeza, como si de golpe desapareciera ese encanto inicial.

Después de varias experiencias y observaciones, aprendí cómo revertir esa desagradable paradoja que terminaba en resignación ante el implacable lema de que lo grato dura poco. Para ello había que empezar a aceptar que el entorno no constituye la causa principal del bienestar y el descanso, sino una mera condición de los mismos. Ello me condujo a otro aprendizaje superior: no hacer depender la alegría gratificante del descanso a la categoría del lugar.

Lo cual me permitió aplicar una clave para sobrellevar esos momentos grisáceos con autonomía emocional. Una sencilla clave que me exige, antes de buscar “consumir” lugares sofisticados para descansar y salir de la rutina, aprender a descansar en una plaza o en el jardín y patio de mi propia casa.

Es en el modesto lugar de una plaza, del patio o del jardín de nuestra casa donde debemos aprender a transformarlos en un lugar de descanso permanente a fin de construir por nosotros mismos un espacio de vida creativa alejada de toda rutina. Así podremos disfrutar el olor de una flor, de la tierra mojada, del bullicio de los pájaros, del movimiento gracioso del colibrí, de la alegría del niño que juega sin especulación, del canto nocturno de los grillos, de la luna, las estrellas y del ambiente especial de un día de lluvia. Estas pequeñas cosas constituyen el portal de entrada para lograr la alegría estable y duradera del descanso anhelado.

Pero estas riquezas cotidianas siempre quedan oscurecidas y desplazadas por el deseo compulsivo de un lugar jerarquizado y de moda, en el que se intensifica aún más la tensión por el lucimiento y la apariencia. Así, en muy seguro que no se podrán accionar las llaves del descanso y de la alegría expansiva a que se aspira. El lugar de descanso por excelencia es el que permite vivir la vida en su máxima plenitud e intensidad y no guarda correlación con los recursos onerosos y sofisticados de carácter instrumental.

El placer de consumir un viaje en avión no es la causa principal del placer que se busca disfrutar intensamente en las vacaciones. La intensidad de tal disfrute no se la puede generar con rigor y de manera segura con los infinitos estímulos que nos circundan fuera nuestro, sino por la estabilidad emocional y cognitiva de nuestro propio mundo interno.

En este estado mental, ya de regreso del lugar elegido, pero habiendo aprendido a vivir con la serenidad de aceptar lo que somos y de superar el aburrimiento, la nostalgia y el descontento, no sentiremos el corte abrupto de una continuidad placentera, sino la alegría de lo que hacemos, de cómo vivimos y cómo nos vinculamos conociendo nuestras capacidades y la propia fuerza constructiva de nuestra condición de ser.

Cognitio
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Dr. en Ciencias de la Educación. Profesor de Lógica y Psicología (UCA). Contacto: barcaglioni@hotmail.com.ar