A los 4 años ya no sabía qué quería yo

Caminaba detrás de mi madre y le preguntaba: “mamá, ¿qué quiero yo?”
Un niño de 4 años no tiene filosofía. Tiene percepción directa. Y a veces esa percepción ve lo que décadas de pensamiento no logran aclarar.

Hay personas que desde muy temprano sienten que sus deseos no les pertenecen del todo. Que actúan, eligen, se mueven…pero con una duda de fondo que no saben nombrar: ¿esto lo quiero yo, o lo quiero porque otros lo esperan de mí?

Esa duda no es debilidad. Es una de las preguntas más honestas que un ser humano puede hacerse.

El problema es que la mente especula. Construye argumentos que parecen convicciones. Genera una voz interna que suena a certeza pero que en realidad está buscando aprobación (de otros, o de uno mismo). Y distinguir entre íntima convicción y especulación disfrazada de convicción no es sencillo.

Pero hay una diferencia que con el tiempo aprendí a reconocer: la convicción genuina no necesita convencer. No busca audiencia interna ni externa. Llega como una quietud, algo que no depende de la mirada ajena para sostenerse. La especulación, en cambio, no para. Siempre necesita un argumento más, una razón más, alguien a quien justificarle la decisión.

Cuando el monólogo interno no calla, generalmente no es convicción. Es miedo con buena retórica.

Disfrutar la compañía de los demás sin copiar su vida empieza por aprender a escuchar esa diferencia. No de una vez. No con claridad permanente. Sino con la práctica lenta de preguntarse, cada tanto, lo que aquel niño de 4 años ya intuía que había que preguntar.

¿Esto lo quiero yo?

Cognitio
About Cognitio 278 Articles
Dr. en Ciencias de la Educación. Profesor de Lógica y Psicología (UCA). Contacto: barcaglioni@hotmail.com.ar

Be the first to comment

Leave a Reply

Your email address will not be published.


*