Cómo superar los estigmas mentales de la niñez

Proceso para identificar los pensamientos inculcados y erradicar estigmas

Dado que la esencia de la educación consiste en crear condiciones para desarrollar el talento de quienes aprenden, se hace necesario evitar y erradicar los bloqueos y condicionamientos que desde múltiples formas todos hemos venido sufriendo desde la niñez. Esto explica la falta de voluntad, la desatención, la comodidad y nuestra falta de confianza en la propia capacidad para aprender. Para revertir sus efectos, tanto los padres como educadores deben ayudar a identificar los estigmas mentales que la “violencia blanca” generó en la mente de quienes aprenden.

En las notas relacionadas con los efectos de la violencia blanca en la vida personal[1], definimos un hilo conductor como base para la interpretación y aplicación de los conceptos. Dicho eje conceptual postuló en todo momento el desarrollo del talento y de nuevas capacidades desde un constructivismo que supere el modelo fragmentario y mecanicista del conductismo. Ello nos exigió aplicar un enfoque sistémico-cognitivo como condición para revertir los efectos no deseados que provienen de una educación que no tuvo en cuenta el talento creativo ni la autonomía de quienes se encuentran en situación de aprendizaje.

Sabemos que la historia personal, sin excepción alguna, refleja situaciones y momentos de violencia de variado grado, tono e intensidad. Hasta podemos advertir cómo, a igualdad de circunstancias, cada persona vivió las mismas situaciones de diferentes modos; lo que para unos terminó en un estigma condicionante, para otros no fue así[2].

Esto nos remite al análisis y observación del historial cognitivo y psico-emocional que todo ser humano transitó en su vida y que determinó su idiosincrasia, modalidad y actitud frente a la vida y a lo que considera que tiene que aprender para vivir y mejorar. El historial cognitivo y psico-emocional de cada persona guarda relación directa con sus capacidades y el propio potencial y nos explicaría por qué lo que para unos fue motivo de fracaso para otros fue de estímulo e incentivo para salir adelante y triunfar.

Dicho historial es intransferible y depende de la educación recibida desde la familia, pasando por la escuela y lo que sigue en adelante. Ese camino recorrido configura la trama de los valores, prejuicios, paradigmas, estigmas y cosmovisiones frente a la vida y está caracterizado por logros positivos y negativos y por el impacto que produjo en la forma de pensar, sentir y actuar.

De ese historial dependerán las capacidades logradas por cada uno en lo que hace al vínculo con los demás, a la confianza en sí mismo, a las destrezas, habilidades, valores y conocimientos. Pero también dependerán del mismo los bloqueos afectivos que conducen a la rigidez mental, al aislamiento, a las conductas proclives a la intolerancia, a la inseguridad, a la falta de confianza en sí mismo, a la tendencia a la manipulación y a la frivolidad.

El balance de estos procesos complejos y de los resultados obtenidos, si bien incluye las características y el impacto del contexto vivido, no dispensa el análisis de la modalidad y la idiosincrasia adquirida y que el propio sujeto debe comprender y asumir para revertirlos. De allí que para conocer la historia de los propios logros y condicionamientos, se requiere realizar un itinerario mayéutico basado en la reflexión y el conocimiento de sí mismo. Este proceso interno permitirá recuperar aquel tramo en que todo niño fue capaz de expresar su talento y creatividad sin temores ni prejuicios mediante el “juego fresco” con la realidad y el vínculo armónico con quienes lo rodeaban.

Pero poco a poco, sobre todo en la adolescencia y juventud, la energía se bloquea y el talento se va encerrando y “secando” con prejuicios, teorías y paradigmas impuestos que van ocultando lo mejor de sí mismo. Ello da lugar a situaciones donde el adulto empieza a vivir las alternancias de una realidad aparente que oscila entre la fantasía de superioridad y la insatisfacción competitiva, en una suerte de “juego sucio” que contamina los vínculos y deteriora los afectos. De allí surgirá, en no pocos adultos, ese proceso degradante que dará lugar al estigma de una envidia que ha de someter al sujeto, con el tiempo, a vivir la vida como energía en descenso y frustración.

Para poder educar con un sentido formativo, tanto los padres como los docentes deben trabajar con lo mejor de cada uno. Pero para ello deben tomar como punto de partida lo que con figura y determina lo mejor de cada uno: el talento. Si no conocen las capacidades y potencialidades de aquel a quien educan, tanto lo padres como educadores serán un mero transmisor mecánico de recomendaciones o contenidos estáticos según el caso.

Esa educación insalubre, llevada a cabo por acumulación de contenidos mediante procesos de aceleración mecánica de los aprendizajes o por el apuro cotidiano, soslaya, precisamente, lo mejor de cada uno. Por eso, nuestra insistencia para que todo proceso formativo esté pivotado en el conocimiento y la valoración de las capacidades con que cuenta quien se está educando.

Así, los padres y docentes deberán ver en sus hijos o alumnos el talento con que están dotados a fin de extraer y recuperar de ese mundo interno lo mejor de cada uno. Lo mejor de cada uno consiste en esa capacidad que pugna por expresarse y actuar de manera natural, acertada y orientada al bien sin ejercer violencia alguna. Por lo tanto, exige a cada educador, sea cual fuere el rol que ocupe, una mirada más sutil, más generosa, paciente y refinada para que, en contraposición con la tosquedad, el apuro, la rigidez y la indiferencia, los jóvenes y adultos puedan pensar, sentir y actuar de acuerdo con ese potencial que constituye lo mejor de sí mismo.

A fin de identificar de manera sencilla y práctica los condicionamientos y estigmas mentales que cada uno podría ir reconociendo gradualmente, sugerimos la utilización de una grilla de ejercitación auto-diagnóstica sencilla y personal. Ello podría facilitar un proceso de  reflexión y comprensión de la propia forma de ser, de pensar, sentir y actuar.

Dr. Augusto Barcaglioni

[1] Ver el concepto de “violencia blanca” en cognitio.com.ar en categoría Desarrollo personal.

[2] Esto explica por qué una situación adversa (guerras, enfermedades, fracasos) en algunos generó frustración y desaliento y en otros causó un impulso y motivación para sobreponerse y vencer.
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Dr. en Ciencias de la Educación. Profesor de Lógica y Psicología (UCA). Contacto: barcaglioni@hotmail.com.ar