La uniformidad de pensamiento debilita la convivencia

Cómo identificar los estereotipos que disgregan la comunicación y los vínculos

Dado que el estereotipo es un modelo mental inculcado y aceptado pasivamente, tiene un efecto nivelador de la conciencia al promover en cada individuo una suerte de uniformidad mecánica y la automatización de su pensar, sentir y obrar. En tal sentido, al ser incompatible con la condición de autonomía propia de la inteligencia y con la iniciativa personal, provoca un impacto mental cuya uniformidad genera no sólo la incapacidad de los individuos para pensar y decidir por sí mismos, sino también la disgregación de la comunicación y de los vínculos inter-personales. 

Esta uniformidad, sea por surgir de manera espontánea o por convenciones y/o manipulaciones establecidas de antemano, soslaya la experiencia individual y actúa a modo de un “formato” mecánicamente aceptado en el imaginario social. El resultado de este mecanismo es la incondicionalidad y la sumisión mental, con la consecuente destrucción de las posibilidades de comunicación entre los individuos.

Toda comunicación entraña la riqueza del intercambio y del afecto en un marco de tolerancia y de comprensión y apertura a la diversidad y singularidad. A diferencia de la comunicación inducida mecánicamente por razones de intereses egoístas, la comunicación y la convivencia conscientes se nutren de la convicción autónoma y de la autonomía de los individuos. Y aquí surge la paradoja del estereotipo: lejos de unificar, disgrega la comunicación, desintegra y atomiza los vínculos aunque haya una forma común (pero no comunitaria ni compartida) de ver, interpretar y adherirse a las cosas. 

En el proceso de compartir y aceptar a los demás tenemos el fundamento, entre otros, de la tolerancia, del respeto a la vida del semejante y de la convivencia. No se trata de un respeto teóricamente declamado (que termina transformándose en estereotipo) sino de un respeto que piensa y comprende de manera consciente el contenido de la vida del otro, sus dolores, sufrimientos, alegrías, concepciones y dudas. 

De allí que la riqueza contenida en esta actitud de apertura sensible y afectiva al contenido de la vida del prójimo es diametralmente opuesta a las limitaciones impuestas por estereotipos que exaltan la comunicación y los vínculos con un criterio estrecho y superficial. A ello responden los estereotipos camuflados que sigilosamente esconden soberbia, omnipotencia y frivolidad y que se expresan en un trato indiferente y hasta manipulatorio y sin compromiso. 

Por otra parte, el consumir imágenes estereotipadas producidas por otros y sin verificar la validez de su fuente y contenido, no es otra cosa que pensar, sentir y vivir entretenido en la periferia y en los bordes de la realidad, bajo la penumbra de lo aparente y la sumisión pasiva. Esta desviación, en la medida que carezca de la iniciativa, del afecto y de la íntima convicción del sujeto, conduce al uso de terminologías relacionadas con la tolerancia, con el compromiso, con el respeto a la diversidad y con la reciprocidad en el trato, generando inevitables confusiones semánticas que terminan por convertirse en verdaderos estereotipos vacíos.  

Esto es fundamental para que en cada escuela, en cada aula y en cada familia o grupo humano los docentes, padres y responsables de organizaciones sociales puedan trabajar con más acierto y eficacia para promover creatividad y enseñar a pensar con más rigurosidad y precisión. Ello ha de requerir un proceso de sensibilización que permitiría evitar las violencias explícitas y/o latentes que albergan el estereotipo, la uniformidad del pensar y la nivelación de las conciencias. 

La experiencia de padres y docentes se verá enriquecida en la aceptación del desafío de tener que ejercitarse cada día con la diversidad del contenido de la vida de los niños y adolescentes con quienes tienen que vincularse. Se trata de aceptar el contenido de una vida diferente, disímil, complicada y difícil, propia de niños y jóvenes que reclaman se les permita dejar al descubierto su propia identidad y se les enseñe a crear para sí mismos las capacidades que les falta adquirir para su formación y desarrollo.

La ausencia de este proceso consciente en la educación familiar y escolar facilita, como es lógico, la aparición de los variados intentos de ejercer la violencia de la uniformidad en las mentes y la sensibilidad de los individuos. Sin respetar su diversidad ni su diferenciación, el estereotipo termina por nivelar las mentes y someterlas a un estado de dependencia y sumisión. Este acatamiento pasivo a verdades y valores inculcados sin el ejercicio de la autonomía de pensamiento, promueve actitudes y creencias sin convicción alguna que afectan de manera ostensible los vínculos inter-personales.

Esto conlleva la necesidad de superar y saber identificar, desde el ejercicio de una educación centrada en la sensibilidad y la comunicación, aquellos estereotipos generadores de la violencia de la uniformidad en el pensar, sentir y hacer de quienes no han podido descubrir todavía en sí mismos su potencial de iniciativa, creatividad y auto-realización.

                                                                                                                                                                                                                                                                        Dr. Augusto Barcaglioni

 

 

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Dr. en Ciencias de la Educación. Profesor de Lógica y Psicología (UCA). Contacto: barcaglioni@hotmail.com.ar