Umberto ECO (1932-2016)

Cuando el exceso de información impide pensar

El filósofo italiano U. Eco, plantea en sus conferencias y ensayos la crisis del pensamiento contemporáneo, muy expuesto a las avalanchas de información y a la sobre-estimulación que la mente sufre frente a un avance tecnológico que sorprende al ser humano y a la vez lo paraliza ante su falta de capacidad para distinguir, seleccionar y analizar el universo casi ilimitado de la información disponible.

Teniendo en cuenta que para cumplir con los propósitos educacionales urge educar la inteligencia humana y enseñar a pensar de manera autónoma y reflexiva a quienes se encuentran en situación de aprendizaje y respondiendo a uno de los propósitos relacionados con la organización mental que postula Cognitio, compartimos los conceptos del autor para que la aplicación de los mismos contribuyan a tal propósito.

En Los laberintos de la mente el autor plantea que en la era moderna se empezó a sospechar no solo que la Tierra no era el centro del universo, sino que el universo es de hecho infinito; o que podría existir un número infinito de universos y, por tanto, que la geometría ya no podía representar al universo. Y así, el laberinto pasó de unilineal a multilineal: a cada paso hay que elegir entre dos caminos y solo uno de los dos es el correcto. Entonces, sí es posible perderse en un laberinto multilineal.

Si pudiéramos desenmarañarlo, no tendríamos una sola línea recta, un hilo, sino más bien un árbol con un número potencialmente infinito de ramas. Cualquier camino puede conducirnos a un callejón sin salida o a una serie de giros y vueltas que nos alejen cada vez más de la salida. Y tampoco es posible visualizarlo en su conjunto; lo único que podemos hacer es formar una nueva hipótesis a cada vuelta, en lo que el matemático Pierre Rosenstiehl llamó el “algoritmo miope”.

La situación se vuelve más compleja con una tercera forma de laberinto, el que tiene forma de red y en el que cada punto puede conectarse con cualquier otro, lo cual da origen a múltiples caminos. Imaginemos, por ejemplo, que viajamos de Roma a París y en nuestro trayecto pasamos por Berlín, Budapest y Madrid.

Para U. Eco, el fenómeno relacionado con el aumento del volumen de la información representa un "problema cotidiano" y obliga a hacer recortes y selecciones de manera constante. Por eso, "la verdadera educación quizás ya no sea dar más información, sino enseñar a elegir”, sobre todo ante el hecho de que "la aparición de la computadora nos coloca frente a una nueva realidad alfabética".

En primer lugar, porque en algunos casos las nuevas tecnologías pueden atentar contra la memoria. Si bien se pueden agilizar varios procesos, el hábito de la lectura se va perdiendo por la invasión de títulos y la falta de profundidad.

En segundo lugar, porque el abuso en la utilización de las redes sociales genera una suerte de inmovilidad y parálisis que lleva a la oscuridad y al estancamiento mental en virtud de que, al no haber una selección inteligente, se equipara el contenido frívolo con el contenido inteligente.

“No se puede encontrar a Dios en el ruido, Dios sólo se revela en el silencio. Dios no está nunca en los medios de comunicación, Dios no está nunca en la primera página de los periódicos, Dios no está nunca en la televisión, Dios no está nunca en Broadway. (…) Dios está donde no hay barullo. Esta máxima también es válida para quien no cree en Dios, pero cree que en alguna parte hay una verdad que descubrir. La verdad no se encuentra en el tumulto, sino más bien en una búsqueda silenciosa”.

(…)

“Es por eso que no nos volvemos iguales negando la existencia de las diversidades. Las diversidades existen y hay que reconocerlas. Empecemos por los rostros, los vestidos, incluso por la comida o el olor (digámosles que no hay nadie que no tenga olor, y que normalmente no advertimos el nuestro porque procede de nuestro cuerpo o de las personas que nos rodean, que tienden a comer más o menos las mismas cosas que comemos nosotros) y lleguemos a hablarles de diferencia de religión o de la forma de interpretar la territorialidad”.

(…)

“Pidamos a los niños que descubran si en su zona habitan personas con bagajes culturales diferentes, que nos describan en qué se diferencian de ellos, pero también, dentro de su grupo de pertenencia, en qué se diferencian unos de otros. Digámosles que es normal que en un primer momento la diversidad de los otros no nos guste, pero que ser diferentes no significa ser malos. Nos hacemos malos cuando queremos impedir a los demás que sean diferentes. Digamos a los niños que las diferencias hacen del mundo un lugar interesante en el que vivir. Si no hubiese diferencias no podríamos entender siquiera quiénes somos: no podríamos decir 'yo' porque no tendríamos un 'tú' con el que compararnos. (…) Digamos que igualdad significa que cada uno tiene derecho a ser distinto a todos los demás”.  ECO, Umberto, La fuerza de la cultura podrá evitar el choque de civilizaciones (El País, junio 2002).

Ello plantea la necesidad de que los educadores, sea en su rol de padres o docentes, mediante la aplicación sistemática y continua de procesos creativos orientados a la organización mental, enseñen a pensar con rigor, con autonomía y sin alienación alguna, a los niños y adolescentes. Se trata, desde el punto de vista de la ciencia pedagógica, de enseñarles a organizar sus mentes para que puedan discriminar y analizar los contenidos que, bajo la forma de laberintos potenciados por las redes sociales, acechan a diario la vida cotidiana de la comunidad mediante el asedio muchas veces promiscuo de una sobre-estimulación indiscriminada de imágenes que terminan por inmovilizar a la inteligencia en formación.

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Dr. en Ciencias de la Educación. Profesor de Lógica y Psicología (UCA). Contacto: barcaglioni@hotmail.com.ar