Un método para los aprendizajes del futuro

Los aportes prácticos de la pedagogía logosófica 

Dado que cognitio.com.ar constituye una plataforma de conocimientos orientada a la resolución sistémica y cognitiva de los diferentes problemas de la educación y del desarrollo humano, nos ha parecido oportuno, atento a nuestro propósito tendiente a la aplicación de un paradigma constructivista de aprendizaje, hacer conocer uno de los temas más salientes de la pedagogía logosófica.

Esta pedagogía (C.B.González Pecotche 1901-1963) plantea, como base de su método, que el mero recordar teorías, informaciones y conceptos, habitualmente expresados en los contenidos temáticos, no implica tener el conocimiento ni la comprensión de los mismos. Pues el mero recuerdo de un contenido determinado, perteneciente tanto al campo educativo como al científico o ético, deja a la mente en estado pasivo e inmóvil y sometida a pensamientos e imágenes fijas y estáticas.

El desempeño de los alumnos en cualquier examen muestra la evidente correlación entre la calidad del proceso mental y la calidad de lo aprendido. Por eso, el mero recuerdo, en sentido riguroso, no constituye un proceso mental superior y dista de favorecer el aprendizaje si dicha operación no concluye en una construcción consciente.La constatación empírica de los resultados de las habituales evaluaciones confirman la correlación entre la forma como el alumno utilizó sus operaciones cognitivas con la calidad de aquéllos. 

Esto tiene importancia central en el proceso pedagógico, pues la memorización mecánica de un contenido constituye un peldaño primitivo en el proceso de acceso al conocimiento. Es así como la pedagogía logosófica presenta el método que permitiría a quien aprende llegar al dominio de los pensamientos e imágenes que, como agentes activos de la cognición, ejercen gravitación inexcusable en el proceso formativo y de aprendizaje.

Ello, basado en la premisa de que todo el despliegue comportamental y conductual del sujeto tiene su génesis en el pensamiento. Es decir, no se trata de conocer la conducta externamente manifestada cuando el alumno repite una información que recuerda, sino de tener conciencia acerca de su significación y sentido y de cómo y por qué aplicarla. Es lo que la moderna ciencia cognitiva denomina relevancia cognitiva, al postular el papel causal del pensamiento como antecedente de toda conducta.

Pero ello requiere conocer el origen cognitivo y sensible de las imágenes, pensamientos y contenidos involucrados en todo el proceso de aprendizaje. Para quien aprende, el dominio del pensamiento, la observación del mismo, cómo se genera, por qué se lo utiliza y se lo elige para resolver un problema o hipótesis, resulta un proceso sutil y refinado para la construcción y acceso al conocimiento.

Es tal la importancia de este enfoque, que en el proceso de aprendizaje el dominio del pensamiento como contenido mental pone de relieve que el mismo se está gestando a partir de la conciencia de quien aprende. Es decir, el estudiante sabe por qué y para qué utiliza tal o cual pensamiento en el proceso de resolución de un problema o hipótesis. Lo opuesto a ello es la memorización mecánica, habitualmente confundida con la posesión del saber.

Quien aprende dominando el contenido mental que utiliza puede, a través de la observación de sus movimientos cognitivos superiores e inferiores, construir los conocimientos a través de un proceso gradual, consciente y no reductible a la memorización de contenidos que, por ser estáticos, se presentan ajenos y con rasgos de exterioridad a la propia conciencia. Esto explica la desmotivación y la falta de interés por aprender de los estudiantes.

Este dominio consciente y voluntario del contenido mental que el alumno está utilizando en su proceso de aprendizaje, permite abrir una alternativa nueva y más refinada en el campo de la cognición y que consiste en el manejo y dominio de las facultades mentales y de los procesos sensibles que han de intervenir en la construcción de cualquier conocimiento. Para el enfoque reduccionista de la educación, es suficiente el manejo y dominio de los pensamientos e imágenes, obviando el dominio de la mente como sistema de facultades en constante interrelación. 

En tal situación, quien aprende irá desarrollando un proceso consciente sostenido por la sensibilidad a fin de generar las destrezas y habilidades que le han de permitir el uso de las facultades y operaciones cognitivas de manera más rigurosa, precisa e integrada.

Este es un trabajo empírico sustentado en el estudio y comprobación de la naturaleza de los pensamientos, de los procesos mentales y del potencial del conocimiento que el estudiante va construyendo, lo que le permite realizar una tarea de comprobación dentro de sí mismo y acceder a la comprensión desde la íntima convicción.

En virtud de lo cual, la pedagogía logosófica constituye un arsenal metodológico basado en la formación y desarrollo mental de quien enseña y de quien aprende. Pues acompaña al niño y adolescente a generar un campo de observación de su propio mundo mental, de sus potencialidades y la posibilidad de superar la funciones cognitivas inferiores a fin de utilizar e integrar en el ámbito áulico cotidiano los procesos cognitivos superiores de la inteligencia.

A través de la aplicación del método de observación de su propio potencial intelectivo, el alumno podrá optar por establecer comparaciones entre una u otra observación, recordar un concepto pertinente para insertarlo en la construcción y desarrollo de la hipótesis propuesta por el docente a fin de vislumbrar el terreno de aplicación siguiendo el axioma logosófico de experimentar lo que se estudia y de estudiar lo que se experimenta.

Esta visión de la educación y del proceso de aprendizaje constituye un proceso constructivista que bien podría ser asimilado al interrogante mayéutico acerca de la propia cognición como fundamento de todo aprendizaje. Esta característica constituye un elemento diferenciador respecto de las corrientes y prácticas pedagógicas de corte conductista centradas en el programa de contenidos. Por el contrario, la pedagogía logosófica no trata de imponer ni de forzar la inteligencia de quien aprende a la aceptación de un supuesto universo de verdades que no han sido todavía verificadas.

En tal sentido, la preceptiva del método logosófico apunta a estudiar lo que se experimenta y a experimentar lo que se estudia. Nada que no haya pasado por el campo de la verificación constituye para la Logosofía un conocimiento en sentido estricto. A ello se orienta el desarrollo metodológico de la pedagogía logosófica, desplegando las actividades de enseñar y aprender como procesos pivotados en la dinámica del sistema mental y en un campo experimental de organización y uso debido de las diferentes facultades.

Por tales razones, el método de la pedagogía logosófica constituye un conocimiento auxiliar de alto valor y utilidad práctica y propedéutica, ya que ofrece al docente conocimientos y herramientas metodológicas que le han de permitir conducir con eficacia, precisión y acierto la tarea diaria con un sentido adaptativo centrado en la inteligencia y en la sensibilidad de quien aprende. 

Dr. Augusto Barcaglioni

Cognitio
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Dr. en Ciencias de la Educación. Profesor de Lógica y Psicología (UCA). Contacto: barcaglioni@hotmail.com.ar